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Bienvenido, cyber plasta.

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Gracias a los estudios pertinentes realizados por IDC, compañía letrada en estas lides, ya es de dominio público que el usuario medianía de Facebook entra -o accede- 14 veces en un solo día a la red social de redes. 
Algunos lo hacen ilustrándonos -o animándonos el día- con frases, enlaces, vídeos o imágenes de cierto interés. Ya sea sobre temas genéricos o especializados en una materia. Bravo.
Pero otros no. Otros se empeñan -SÍ, SON LOS PLASTAS DE FACEBOOK- en relatarnos su anodina existencia sin escatimar detalle alguno. Ya pueden estar saboreando una hamburguesa o tirándose un cuesquete en un descampado, van y te lo cuentan. Como si fuera importante y trascendente para alguien. Este modelo de egocentrismo infantil suele ir aderezado con un vídeo o una imagen, ahí es nada. Y para cualquier persona con la cabeza bien amueblada es una falta de ciber-etiqueta bastante preocupante…. y desde luego molesta 

Aunque sea sin querer, es muy fácil convertirse en uno de estos elementos odiosillos, aunque solo sea por una temporada o a tiempo parcial.
Así que tomad nota, amigos gamebeaters. Cualquier día podéis cruzar las líneas enemigas sin quererlo y convertiros en un PLASTA REDOMADO. ¿Cómo saberlo?

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LAS 12 CLASES DE PLASTAS.

1. El plasta compulsivo. 
Lo comparte todo. Tiene la triste necesidad de relatar en todo momento su banal existencia. Desayunos, paseos, pensamientos random y picores de culo incluidos. Muy triste. Pero ahí está, y a diario. Fotos de su mascota, información inútil sobre su renovado estilismo, sus puñeteras cenas… todo menos la foto de una tía/tío buena/bueno. Ni siquiera algo gracioso o interesante.

2. Pareja de plastas empalagosos. 
Aguántales tú la colección interminable de selfies lúbricos y sobones.
Creen a pies juntillas que su relación sentimental está tocada por los dioses. O como mínimo, por el miope Cupido. Y que por tanto, deben reflejar regularmente en las redes sociales ese besito, ese regalito, ese viaje de novios que supuestamente los demás no tenemos. No te plantifican imágenes de sus momentos de cama y kamasutra misionero de milagro. Cuando además añaden bromas y complicidades personales que nadie pilla, mensajitos ñoños y acaramelados o anécdotas domésticas que ya ha vivido cualquiera con más de 20 años, se vuelven intolerables. Por no hablar del retoque fotográfico que acompaña todas sus postales multimedia. O multimierda, no estoy seguro 

3. El plasta pro: el tocahuevos. 
No suele postear, solo lo hace ocasionalmente. Observa, analiza, escruta. Y cuando ve algo que no le convence o se le pinza el cable cosa mala, AHÍ LE TIENES. Da igual que ya no te acuerdes de él o ni sepas porqué le agregaste. Ahí está para corregirte la falta de ortografía o el dato equivocado, y lo peor de todo es que se siente orgulloso por ello, creyendo que cumple una función social loable. Pues NO, colega, ERES UN PLASTA.

4. El Hater. 
Está íntimamente emparentado con el sujeto-plasta anterior, solo que participa mucho más y aporta algo más de información. Pero es un plastazo sin remedio, todo el día expulsando bilis sobre cualquier tema. Individuo sujeto a traumas, complejos o chunga coyuntura temporal, no desperdicia una sola ocasión para poner a caer de un burro algo o alguien. La humanidad es odiosa, por lo visto. Pero ellos o ellas, haters todos, más.

5. Los crípticos.
Son tontolabas de la familia de los egocenters. Publican solo con relativa frecuencia, pero son plastas de hacérselo mirar. Nadie entiende lo que postean; suelen ser frases estúpido-enigmáticas que piden a gritos y con desesperación preguntas ajenas del tipo: ‘¿qué te ha pasado?’ o ‘¿estás bien?’. De un victimismo atroz, o dicho de otro modo… que te arrope tu madre, PLASTA.

6. Padres primerizos. 
Bienvenidos todos al apasionante mundo del percentil, el sacaleches, la ecografía 3D y el ‘mira qué rico es mi bebé, es el más bonito del mundo, único en su especie’.
Cualquier cosa o bobada que le pase a su retoño ‘superdotado’… tú serás el primero en enterarte. Su gases, sus caquitas, sus puñeteros mocos, la primera risa, el primer cuesco…
Pasadas unas semanas de aguantarles, se te pone cara de pediatra. ¡Plastez máxima!

7. El plasta lloreras. 
Si ha muerto alguien, especialmente familia cercana (suya), ahí está. La alegría de la huerta. Pero si no, da igual. El plasta llorón ya se ocupa de recordarte el fallecimiento de Adolfo Suárez, Vincent Van Gogh o el primer Homo Sapiens. No somos nadie.

8. El plastazo ostentoso. 
Tiene la seguridad de que su vida es necesariamente mejor que la tuya porque se ha comprado algo nuevo y caro. Da igual si es un viaje, una camisa de marca, un descapotable o una novia florero. No postea si no es para restregar a la comunidad sus dineros o lujos materiales. Un plastón capitalista de tomo y lomo cual libro abierto porque, admitámoslo, suele incluir en el kit voto obligado al Partido Popular, afición incontrolada por los toros y clasismo/xenofobia de serie. Predecible y pesado a partes iguales. Así va el país.

9. El plasta artistazo. 
En efecto. Es el plasta que además de creerse un genio, y cuando decimos genio queremos decir un puto Picasso elevado al cubo, o un Mozart cruzado con Michael Jackson y Armin van Buuren, que publica casi por mesiánica obligación cada mierdaca inspirada por unas musas que, por lo visto, solo trabajan para él. De vez en cuando sorprende con alguna cosilla interesante, pero no compensa.
Facebook no es Instagram. Aunque tengan el mismo dueño.

10. El plasta jugón.
Pero jugón casual, que como todo el mundo sabe, es el peor de los gamers. El más infantil, bisoño y, sintiendo repetirnos, el más PLASTA de todo el universo videojueguil.
En cuestión de entretenimiento digital es una especie de espíritu de la golosina con ínfulas de crupier que, bienintencionada e ingenuamente, te intenta arrastrar a su espiral de frutitas decadentes, granjas agropecuarias pixeladas y demás tontunas de moda. Y te invita compulsivamente a participar en sus jueguitos mierder, mientras tú te estás acabando en Playstation el último ‘GTA’ y el ‘Dark Souls’ con todos los logros, misiones secundarias y coleccionables varios. ¡Já!

11. El partyplasta.

Da igual que haya cumplido los cuarenta hace diez, que tenga seis hijos o que trabaje en un ministerio, una diócesis o un mass media generalista. En el bar y la discoteca se transforma profundamente, y no exclusivamente en fin de semana. Da igual si tiene delante un corto de cerveza, una tapa nouvelle cuisine o un gin tonic trufado de especias y pepino. Poco importa si está en un antro infumable, un mesón castellano o el chill out más cool de la muerte. En la foto adjunta aparecerá sí o sí su café con leche del desayuno, su pan tumaca del aperitivo y ante todo, chiquines y pibones pasados de copita, nariz empolvada y ganas de polvete fácil, muy sonrientes o sacando morrito todos, en el after de turno. Su vida es una fiesta. Y te lo quieren recordar a todas horas, porque por lo visto tú no sales de cañas, de copas o de farra guapa. La han inventado ell@s, los partyplastas.

12. Resto de plastas mundiales.
Hay muchos tipos. Demasiados. De todos lo colores, temáticas y arquetipos.
En el fondo, todos llevamos un plasta inside. Lo importante, hables de lo que hables, es no resultar muy plasta.
En Gamebeats somos plastas recalcitrantes de los videojuegos, el cine y el síndrome de Stendhal. Y como vamos de frente, lo admitimos y nos jactamos de ello. Aunque antes que plastas, especialistas.
Si al leer estas líneas te has identificado de alguna manera con algún tipo de plasta odioso, no te preocupes, podría ser peor. Al menos ya sabes lo que tienes que dejar de hacer… o hacerlo con menos alevosía y frecuencia. Y sobre todo recuerda que, sea cual sea la información que regalas desinteresadamente en la red, si es algo poco interesante, demasiado anodino o una patochada que ya ha vivido todo el mundo antes que tú… quizá es mejor, empezando por tu propio bien, que no la publiques. Claro que por el de los demás también.

 

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Watch Dogs

‘Watch Dogs’

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Parece que no se puede hablar de otra cosa.
Ante la escasez de lanzamientos de peso en este mes de mayo, la aparición de ‘Watch Dogs‘ en las tiendas ha copado redes y tabloides al extremo. 
Hoy sale a la venta el sandbox de Ubisoft Montreal y lo hace sin librarse de la polémica sobre su apartado gráfico.
¿Estará el juego a la altura? ¿Ha sido tan bochornoso el downgrade como parecían demostrar algunos vídeos? ¿La tasa de frames será estable? ¿El popping es tan ponzoñoso como aseguran algunos?

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En Gamebeats no nos desmarcamos de este frente ni de las dudas que rodean su benchmark técnico, pero os aseguramos que el punto fuerte de ‘Watch Dogs’ es su estudiada jugabilidad.
A todas las acciones clásicas de otros juegos de mundo abierto (como ‘Grand Theft Auto’, ‘Saints Row’ o ‘Sleeping Dogs’), a saber, la relación con NPCs, la conducción a través de diversos vehículos, la exploración, el ataque mediante distinto tipo de armamento, etc, etc, se añade aquí la posibilidad de resolver situaciones mil de formas variadas y dispares, gracias a las habilidades de hackeo sobre numerosos elementos del mobiliario urbano, desde un cajero automático a un semáforo, pasando por una cámara de vigilancia. La implementación de estas acciones, sencillas e intuitivas de ejecutar a través del smartphone hipervitaminado del protagonista del juego, eleva a ‘Watch Dogs’, al margen de su poco sorprendente nivel visual, a la categoría de producto muy recomendable. Mérito extra si tenemos en cuenta que es la primera incursión de su desarrolladora en el género sandbox (Assassin’s Creed no pertenece estrictamente a esta categoría, al desarrollarse en distintas zonas semiabiertas con tiempos de carga entre ellas) 

Entretenimiento y diversión en estado puro, posibilitando superar los diferentes retos y misiones como más nos convenga y apetezca, ya sea a saco y calzón quitado o mediante el uso de elementos urbanos y el sigilo.

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Watch Dogs

Os tengo controlados, muchachada.

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Solo en las primeras horas de juego, hemos listado más de 30 items hackeables, y esto no es más que el principio:

· Detonar una caja de conexiones
· Encender un muñeco de los Rabbids
· Extraer refrescos de una máquina expendedora
· Activar una máquina que lanza bolas
· Manipular un conmutador
· Crear un apagón
· Escuchar los archivos de audio de un portátil
· Escanear la localización de crímenes potenciales
· Usar el elevador de un montacargas
· Ver lo que graba una cámara de seguridad
· Soltar el contenedor industrial de una grúa
· El código de acceso de un guardia
· La cámara de un smartphone
· Un router que da acceso a un terminal de seguridad
· Detonar explosivos a distancia
· Usar un ascensor
· Ver (y escuchar) los mensajes de un móvil
· Una trucha que canta y se mueve (no es broma)
· Manipular de carteles electrónicos
· Activar barreras del suelo a modo de protección
· Activar la alarma de un coche
· Controlar el movimiento de un tren
· Abrir la puerta de un garaje
· Elevar un puente
· Manipular las luces de tráfico
· Subir bolardos para bloquear el paso
· Controlar el volúmen de unos altavoces WiFi
· Extraer dinero de un cajero (éste es nuestro preferido…) 
· Encender el caballo de una feria
ETC…

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Llevamos más de una década pidiendo a gritos a las desarrolladoras que aumenten el nivel de interactuación con el entorno en los juegos de mundo abierto, y ahora que por fin nos lo dan en un sandbox novedoso, ambientado en una ciudad nunca vista dentro del género (Chicago) varias veces más grande que el mapa de un ‘GTA’, y nos ponemos a discutir y a llorar por el número de píxeles como unas putitas gráficas de baja estofa.
Vale, el juego no luce en absoluto espectacular, ni siquiera se ve ‘muy next gen’, y Ubisoft mintió repetidas veces sobre el resultado gráfico. Cachetada y collejón para la compañía gala. 
Pero tenemos ante nosotros, esperando en las tiendas, uno de los sandbox más entretenido hecho hasta la fecha. No cuenta con los carismáticos personajes ni el brillante guión cinematográfico de un ‘GTA’, ni el vibrante combate cuerpo a cuerpo de un ‘Sleeping Dogs’. Tampoco las opciones de cutomización del personaje ni la comicidad de un ‘Saints Row’. Ni podemos sobrevolar la city hiperchetados como en un ‘Crackdown’, un ‘Infamous’ o un ‘Prototype’. Aquí no somos Batman ni SpiderMan. Solo un hacker habilidoso, de carne y hueso, que se las sabe todas.
Pero la ciudad es nuestra 🙂

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Bienvenido, gamebeater.

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El lloriqueo de Capcom no se ha hecho esperar.

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Año nuevo, hardware nuevo.
Y para las desarrolladoras de videojuegos, motor gráfico nuevo, por aquello de aprovechar la potencia técnica de las consolas recién horneadas y los PCs más pintones.

Con la nueva generación, toca cumplir la promesa traicionada en la anterior; esos requerimientos estandarizados de 1080p (o lo que es lo mismo, verdadera alta definición) y 60fps (o dicho de otro modo, juegos sin parkinson, tirones y ralentizaciones) 😉

Parece que a excepción de Nintendo y algunos estudios indies, lejos queda ya aquello de ‘lo importante es la jugabilidad‘, y hoy por hoy, máxime con nuevas máquinas en el mercado, se asume como imperativo ineludible que el arte digital, y los videojuegos en particular, han de optar por la espectacularidad, el fotorrealismo y el detalle.
Este dogma viene aplicándose de un tiempo a esta parte por multitud de desarrolladoras, y Capcom no es la excepción.

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La tecnología pronto rebasará la frontera del ‘Valle Inquietante‘.

Pero desarrollar para la next gen no sale gratis: en palabras de Masaru Ijuin (jefe de desarrollo de motores gráficos en Capcom), todo requiere mucho más trabajo y costes que antes; de hecho, de 8 a 10 veces más.

En Capcom han tenido que programar un nuevo motor gráfico desde cero, el ‘PANTA RHEI‘, que sustituya al sobreexplotado ‘MT Framework‘ ya que actualizar y adaptar el viejo software a las nuevas tecnologías casi hubiese costado más.

Pero Masaru va más allá y asume que de cara a esta generación, cuando hablamos de juegos AAA, las desarrolladoras van a tener que espabilar para intentar reducir costes de desarrollo, empezando por utilizar Tecnologías de Creación Procedural.
Por ejemplo, en vez de modelar un bosque entero paso a paso, Capcom utilizará herramientas que permitan generar todo el conjunto de forma automatizada, a partir de escasos elementos (dos o tres árboles, un par de arbustos, y algunas rocas), suponiendo para la compañía menos recursos.

Matiza Masaru Ijuin:

“Estamos intentando hacer muchas cosas procedurales de cara a esta nueva generación para mantener los costes bajo control. Con eso y con todo, la inversión es muy alta. Cada ‘asset‘ de arte necesita un acabado mucho más detallado y definido que en la generación anterior. Por mucho que hagamos cosas procedurales eso no va a cambiar, sigues necesitando acabados gráficos mucho mejores y que llevan mucho más trabajo.”

En fin, ¿qué opináis?
¿Gajes del oficio o lloriqueo injustificado?

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Esta vez controlamos a una asesina, Aveline de Grandpré.

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Parece que fue ayer, pero no. Catamos ‘Assassin’s Creed III: Liberation’ a finales de octubre de 2012 en PS Vita, y ahora nos llega su versión de sobremesa requeteremasterizada para PC, PS3 y Xbox 360 con lavado de cara en alta definición aunque irritante ausencia de modo multijugador 😦

Cuándo: 15 de enero de 2014
Dónde: PSN (PS3), Steam (PC) y XBLA
Cuánto: 14,99 euros (PSN y XBLA) y 19,99 euros (Steam)

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Pues aquí, pasando la tarde en el campo.

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Aveline de Grandpré parece contenta con el cambio; los jugones y gamebeaters no tanto. Veamos por qué.

Puntos a favor:

-Lo protagoniza una gachí maciza, ágil e inteligente, mil veces más graciosa que Connor, héroe sosito donde los haya de ‘Assassin’s Creed III’.

Entornos bellos y aterciopelados marca de la casa. Mucha naturaleza salvaje. En vez de hacer justicia, dan ganas de montarse un picnic.

-El argumento del juego lo deja claro: la esclavitud es una mierda.

-Que entre otros animalicos asilvestrados, podamos cazar cocodrilos talla XXL.

El látigo de la protagonista, útil y morboso. Azótame y dime cochinadas, Aveline.

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Ni fú ni fá:

El remozado HD es aceptable sin más. Nada de tirar cohetes ni invitar a una ronda.

-Que tras jugarlo, no quede claro si es un título indispensable o totalmente prescindible.

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Puntos en contra:

Poco, muy poco novedoso. Como jugar al anterior. Y al anterior del anterior. Y al anterior del anterior del anterior… 😐

-Nadie se explica a qué viene eliminar el modo multijugador.

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