PS4 y Xbox One, en modo versus.

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Todo está consumado
(Juan 19:30)

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Concluida est la Electronic Entertainment Expo 2013, el mítico E³ algo venido a menos de un tiempo a esta parte, glamourosa pasarela llena de tradición, donde las máquinas y juegos de nueva generación pasean la percha y enseñan escote y pierna.

Gracias al vídeo streaming, el esfuerzo de los medios especializados (sólo se permite la entrada a trabajadores del sector y periodistas mayores de 16 años) y en definitiva, ese gran invento llamado internet, hemos pillado al vuelo y en tiempo real todas las novedades que los grandes (y algún que otro pauvre homme) de esta industria, pese a filtraciones, fakes y crisis económicas, han fraguado para el final de una era y el arranque de otra nueva.

La convención 2013, ha sido por razones obvias, la más relevante e histórica de los últimos ocho años, ya que corresponde a uno de esos puntos de inflexión en la timeline del negocio de los videojuegos en que despedimos una generación para presenciar, siempre con sobredosis de espectación aunque buena ración de escepticismo, el alumbramiento de una nueva época, impuesta por el inevitable avance del hardware, raudo y apresurado.
Es un instante trascendental para todos nosotros, en el que somos seducidos por las marcas, y a partir del cual y según se dé la cosa, elegimos, aunque sea desde el subconsciente, la plataforma que nos hará pasar por caja, siempre en función de varios factores: precios, potencia y catálogo. Es nuestra pasta (ésa que tanto cuesta ganar) la que finalmente está en juego, amigos.

Las compañías de primera división, entre las que sobresalen una vez más SONY y Microsoft (que son como el Barcelona y el Madrid del entretenimiento digital), tienen el deber y la obligación de vendernos su producto, de llevarnos al huerto, y como en toda operación de marketing que se precie, casi todo vale en el intento, y toca envolver el artículo en papel de regalo. No obstante, el gamer experto no se deja ya, a estas alturas de la película, engatusar por la primera que llega, por la máquina más coqueta y bienencarada, la carcasa más estupenda y fetén.

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Por 900 euros me hago con las dos. De momento solo tengo para un mando.

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Con el brilli-brilli no basta, algo que los encorbatados directivos de marketing y cuentas suelen olvidar en la suerte suprema, y al E³ se viene a matar y a salir por la puerta grande. Al fin y al cabo, o eso se dice, la belleza está en el interior. Son ya muchas las compras, iteraciones, saltos de cama y de generación. Y muchos los dispositivos de ocio electrónico que han pasado por nuestro salón, desde los tiempos de la paleolítica Atari 2600.

Cuando se trata de enseñar la gallina, de soltar los cuartos de nuestro adorado parné, sólo el producto más sincero, divertido y aseado, se lleva el gato al agua; o lo que es lo mismo, únicamente el que presenta juegos más brutales, máquinas más duraderas y costes más bajos para el bolsillo del usuario, termina mojando. Un usuario que sigue tan emocionado y jugón como siempre, pero tocado (por no decir hundido), por una crisis económica que sigue hostigando a medio mundo, y que será más selectivo que nunca a la hora de comprar hardware y software. Un consumidor en horas bajas y vacas flacas, que ha espabilado más que nunca por imposición de una tristísima coyuntura bursátil, que no se jugará las perras al tuntún, con el que ya no se puede jugar con falsas promesas o mercadotecnia de todo-a-cien, pero que quiere jugar y mucho en la next gen que ya llega, por encima de fanatismos de fanboy imberbe o juegos exclusivos con mucha fachada pero muy poca chicha.

¿Quién ganó el envite? ¿Salió alguien por la puerta grande?
(CONTINUARÁ…)

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